La contaminación acústica y la proximidad de líneas de alta tensión son los temas que más preocupan a la sociedad, aunque no coincidan con los que más salen en la prensa. Estas son las conclusiones a las que ha llegado la Oficina del Defensor del Pueblo.
Esta preocupación ciudadana contrasta con el oscurantismo y el silencio institucional en relación con los riesgos medioambientales generados por el progreso y concretamente los derivados por la contaminación electromagnética y sus focos más evidentes: las líneas de alta tensión.
Incluso a pesar de los grandes intereses económicos en juego, el Parlamento Europeo ha emitido un dictamen con fecha 10-3-99 sobre la recomendación del Consejo a la limitación de los ciudadanos a los campos electromagnéticos. Entre otros apartados el Parlamento Europeo “considera que es absolutamente necesaria la protección de los ciudadanos contra efectos nocivos para la salud o potencialmente nocivos a largo plazo, que se sabe pueden resultar de la exposición a campos electromagnéticos”.
El estudio epidemiológico más ambicioso sobre la incidencia de los campos electromagnéticos en la salud de las personas que viven en las proximidades de las líneas de alta tensión es, probablemente el desarrollado por el prestigioso Instituto Karolinska de Suecia en 1992. En sus conclusiones se constata como los niños son los más afectados con un elevado riesgo de padecer leucemia en comparación con los niños que no viven cerca de líneas de alta tensión. En adultos el riesgo también es patente en leucemias mieloide aguda y crónica.
Dentro de las recomendaciones de este estudio sugiere ciertas normas de protección para la población en las que habría que respectar una distancia mínima a dicha líneas; por ejemplo, para las líneas de 400.000 voltios (Merza) serían 400 metros, para 110.000 voltios serían 100 metros y para 66.000 voltios (Iglesia de Soutelo y Colegio) unos 60 metros. Sin embargo, otras líneas de distribución eléctrica con una potencia menor, por estar más cerca de las viviendas, además de los transformadores, dicho estudio recomienda 50 metros y la prohibición de construcción de viviendas a menos de dicha distancia.
Hasta hace bien poco tiempo no se ha comenzado a relacionar la aparición de ciertos incendios con las líneas de alta tensión. Esta posibilidad se fundamenta en que debajo de dichas líneas se elimina sistemáticamente la vegetación lo cual favorece el crecimiento de hierbas que durante los secos veranos arden con facilidad, además de la ionización positiva que facilita el camino de los rayos, fenómeno en que se fundamentaban los pararrayos radiactivos.
El impacto paisajístico que producen las líneas de alto voltaje, especialmente en zonas de gran belleza natural como es en la que nos encontramos, avalan la necesidad de implantar normativas que regulen la actual diseminación de líneas aéreas sin respecto por la naturaleza y de los ciudadanos, sin olvidar la pérdida turística debido a la degradación del paisaje y a las fuertes inversiones que sean realizado a través del programa PRODER-MONTES y programa LEADER de la Unión Europea, que tanto nos han y nos quieren vender.
Las soluciones que se nos antojan pueden ser de diversos tipos: La retirada a pasillos donde la radiación no afecte a las poblaciones cercanas o el correcto soterramiento de las líneas evitando que contaminen y su posterior control para que esto no suceda al variar las características del voltaje, etc.
31 ene 2007
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