Os invito a hablar con cualquiera de vuestros abuelos, o conocidos de cierta edad. Preguntadles cuántos eucaliptos había en Galicia cuando ellos eran jóvenes. O no lo hagáis, os lo digo yo: NINGUNO.
El eucalipto es una especie oriunda de la australiana isla de Tasmania. Por algún extraño motivo climático, sólo hay otras dos zonas en el mundo en las que el eucalipto prospera con facilidad. Una es la selva amazónica. La otra, Galicia y Andalucía occidental. Así que, cuando hace ahora un siglo y medio alguien lo introdujo en España como árbol ornamental, seguramente no sospechaba la que iba a preparar.
Un árbol bonito... y con propiedades. Como pueden atesorar todos los que tengan algún problema respiratorio. Los vahos de sus hojas son bien conocidos como alivio para catarros. Su fresco olor lo conocemos todos. Las hojas son muy características y, todo hay que decirlo, -con medida- los eucaliptos, tan espigados y no demasiado frondosos, forman bosques preciosos.
...pero peligroso
Porque le pasa como a la mala en las películas: cuanto más guapa, más mala. El eucalipto es un árbol que requiere grandes cantidades de agua. De hecho, tanta, que al resto de plantas le resulta difícil vivir a su lado. Es un perfecto egoísta acuoso. La próxima vez que paséis por un bosque, fijaros en que a su lado, tan sólo crecen helechos. Sin plantas, y con la ayuda de cierto ácido que desprenden las raíces, el suelo se empobrece y los insectos no encuentran alimento y desaparecen.
Mientras tanto, arriba en las copas, los pájaros no lo tienen más fácil. En un árbol tan rectilíneo cuesta mucho hacer nidos. Traducido a términos humanos, un eucalipto es para un pájaro como Albania: no hay comida y la vivienda está bien complicada, así que se van.
Un ladrón de guante verde
Como originalmente el eucalipto no tenía espacio, todo el que ocupa ahora lo ha robado al roble, al matorral, ¡¡al castaño!! Árboles nobles que fertilizan y agarran el suelo, que crean vida a su alrededor. Los árboles gallegos, los que recuerdan los abuelos y los que aún podemos ver masivamente en lugares escogidos como O Caurel o la Fraga del Eume.
Como si de ratas se tratara, los eucaliptos no encuentran límites a su expansión. Es triste ver lo que hacen con los árboles autóctonos. Los rodean y les quitan el sustento hasta secarlos.
¡¡Más madera!!
Del mismo modo que los armadores que arrasan el mar de sus descendientes con sus miras del corto plazo, unos cuantos propietarios en Galicia vienen transformando el paisaje de todos en provecho para nadie. Ni para ellos mismos. Un soto, da castañas, puede criar cerdos, genera fauna que se puede cazar y, finalmente, aporta madera de calidad para muebles. Beneficios todos de vía lenta que, ni los paisanos ni la Xunta ni, por supuesto, las papeleras están dispuestas a valorar. Al grito de ¡más madera! todos se han apuntado al carro del dinero fácil e irrespetuoso con el medio, con la historia y con las tradiciones gallegas.
Tenemos que aprender en esto de los vascos, que con condiciones climáticas similares a las nuestras, parecen resistirse a acabar con su bosque autóctono. Allí es mucho más dicifíl que aquí ver tantos eucaliptos. Algunos dirán que los vascos... ¡ya se sabe!. Yo creo que ellos sí respetan sus raíces.
12 abr 2006
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1 comentario:
Fáltache un detalle sobre os eucaliptos: son ignífugos. Non é coña. A súa sabia contén determinados aceites altamente combustibles. E isto non é por casualidade. É o seu xeito de repreoducírense e eliminar a competencia: a través do lume. Cando hai un incendio nunha fraga arde todo: árbores e matorral. Pero só unha especie sobrevive: o eucalipto. Das súas polas volven agromar tras unhas semanas novos fillos, e volta a empezar, iso si, sen competencia, porque os carballos, castiñeiros, e demáis árbores autóctonas están mortas. Poderedes ver fragas nas que convivan toda clase de especies vexetais, pero onde hai eucaliptos, a única convivencia que se dá é cos toxos. Por algo en Australia o chaman "The Devil's Tree" (A árbore do demo).
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